martes, 28 de marzo de 2017

Artículo: "Natalie Z. Davis, la Gran Dama de la historia cultural"

"Natalie Z. Davis, la Gran Dama de la historia cultural"
por Iris Rodríguez Alcaide




Natalie Zemon Davis (8 de noviembre de 1928) es una veterana historiadora norteamericana especializada en la Francia de época moderna (siglos XVI-XVII). Durante su extensa trayectoria académica ha pretendido, de la mano del método antropológico, abordar una historia “descentrada” y transdisciplinar, prestando especial atención a la cultura de las clases populares, las mujeres, los esclavos o aquellas tantas personas “en los márgenes”. En este sentido, Davis está considerada, junto a colegas de la talla de Peter Burke o Carlo Ginzburg, una de las grandes figuras tanto dentro de la llamada “nueva” historia cultural como del enfoque microhistórico. Es profesora emérita de Historia en la Universidad de Princeton y profesora adjunta en la de Toronto, aunque ha impartido cursos y seminarios en instituciones de todo el mundo.

A diferencia de otros historiadores, y lejos por tanto de presentarse a sí misma como una figura asépticamente “objetiva”, en sus entrevistas Davis siempre ha reconocido con franqueza que buena parte de sus intereses de estudio quedaron tempranamente definidos por sus circunstancias vitales. Nacida en Detroit (Texas) en el seno de una familia judía acomodada, mas tampoco perteneciente a la élite estadounidense, Davis se interesó desde muy pronto sobre el pasado de aquellos “que no tenían historia”. Y es que a ella misma le había sido imbuido un sentimiento de estar como “desplazada” del pasado, de no tener raíces. Sus abuelos y bisabuelos, emigrantes judíos de origen europeo, consideraban que no valía la pena hablarle de su pasado ruso o polaco que tan doloroso les resultaba. 

Años más tarde, en su etapa como joven estudiante del Smith College (uno de los prestigiosos Seven Sisters femeninos del país), Davis comenzó a agudizar su conciencia política y social, entrando en contacto con el marxismo y participando en diversas discusiones y acciones políticas contra el racismo, la libertad de expresión o los sindicatos. A los 19 años conoció a un estudiante de matemáticas llamado Chandler Davis, quien era atractivo e inteligente, pero no judío, ni rico. 

Ambos terminaron casándose en secreto y huyendo al estado de Michigan, donde Davis crió a sus tres hijos y terminó los estudios de doctorado de manera prácticamente autónoma en 1959. Aquella etapa de aislamiento involuntario, donde convirtió la Biblioteca Pública de Nueva York en su nuevo lugar de estudio, le permitió tomarse su investigación con más libertad al no estar atada como asistente a ningún grupo o profesor titular. 

No obstante, la década de los 50 fue muy dura para el matrimonio, teniendo que mudarse con cierta asiduidad y siendo constantemente vigilados por el FBI en plena era macarthista (Chandler pasó incluso algunos meses encarcelado por “desacato al Congreso”). Davis suele afirmar que en aquellos difíciles años tener hijos la ayudó como historiadora: “...me humanizó, me enseñó sobre psicología y relaciones personales, y llenó de sustancia palabras abstractas como “necesidades materiales” o “cuerpo”; me reveló el poder de la familia, raramente tratada por los historiadores en aquella época.

Tras estas vicisitudes en 1962 pudieron emigrar a Canadá, donde ambos consiguieron trabajo como docentes en la Universidad de Toronto. Entre clase y clase Davis continuó ahondando en su tesis sobre los artesanos y trabajadores de Lyon en el siglo XVI, lo que dio lugar a su primer gran libro de ensayos Sociedad y Cultura en la Francia moderna (1975). Por la misma época también puso en funcionamiento uno de los primeros seminarios anuales de Historia de Género. En este punto, siempre ha considerado este tipo de estudios tomando las relaciones entre hombres y mujeres en conjunto, y no simplemente como hechos aislados o superpuestos. En referencia a ambos intereses, Davis rememora aquellas frases que más solían repetirle: “No vas a ser capaz de encontrar nada en los archivos. No vas a ser capaz de encontrar nada. (...) Pero lo cierto es que están por todas partes (testamentos, causas penales, registros de aprendizaje, contratos matrimoniales,...), simplemente hay que saber dónde ir a buscar.”




Fue sin embargo la década de los 80 la que la lanzó al estrellato con la publicación del bestseller académico El regreso de Martin Guerre (1983). El origen de este magistral trabajo también puede ser considerado como poco ortodoxo. Desde muy joven Davis siempre se había sentido muy atraída por el cine, y en 1982 tuvo la oportunidad de participar como asesora histórica en el film francés del mismo nombre, con Gérard Depardieu como actor protagonista. La complejidad de la historia alrededor de Martín Guerra y el famoso juicio por supuesta suplantación de identidad, llevó poco después a Davis a publicar este libro, donde aprovechó para profundizar acerca de los temas que más le interesaban. 

Pero por encima de la historia, lo más destacado de esta obra es cómo Davis nos muestra “en directo” su manera de investigar, dando cuenta al lector de los problemas que encuentra por el camino y rellenando los huecos con unas muy bien fundamentadas hipótesis. El estilo narrativo que utiliza también resulta muy particular por casi “literario”, a través del cual nos conduce de la mano como si de una novela de detectives se tratara. Ambos aspectos le fueron duramente criticados por muchos (y también alabados por otros tantos), tildando el libro casi de literatura más que de ensayo histórico.

Apasionada de los nuevos retos, durante la década de los 90 Davis se propuso estudiar a las mujeres judías de época moderna. Siempre tras la relación entre diferentes grupos sociales, la historiadora imaginó una posible conversación ficticia entre tres cultas mujeres del siglo XVII tan diferentes como la matrona y comerciante judía Glikl bas Judah Leib, la misionera católica Marie de l'Incarnation o la naturalista protestante Maria Sibylla Merian. Aquel duro trabajo en los archivos alemanes le valió la publicación de uno de los libros más ambiciosos de toda su carrera, Mujeres en los márgenes (1997).

En su relación con la disciplina histórica, Davis gusta de referirse a sí misma como si estuviera trabajando en una “misión de salvamento”. También ha mostrado interés por las conexiones entre la historia local y sus posibilidades de gran alcance. Nunca abandonó del todo su pasión por el lenguaje cinematográfico. En la pasada década se jubiló de la enseñanza, aunque continuó activa como investigadora y conferenciante itinerante, dando entrevistas por todo el mundo. Más de 40 años de carrera avalan su trabajo como historiadora, a la luz de los muchos prestigiosos y variados premios y reconocimientos recibidos, como la concesión en 2010 del Premio Holberg, o más recientemente en 2012 la Medalla Nacional de Humanidades de la Universidad de Toronto, entregada por el mismísimo presidente Barack Obama.




OBRAS DESTACADAS 

1975: Society and Culture in Early Modern France.
1983: The Return of Martin Guerre.
1987: Fiction in the Archives: Pardon Tales and Their Tellers in 16th-Century France.
1997: Women on the Margins: Three 16th-Century Lives.
2000: The Gift in 16th-Century France.
2000: Slaves on Screen. Film and Historical Vision.
2006: Trickster Travels: A Sixteenth-Century Muslim Between Worlds.
2006: Pasión por la historia. Entrevista con Denis Crouzet.

BIBLIOGRAFÍA

—Davis, Natalie Z. (2006): Pasión por la historia. Entrevista con Denis Crouzet (trad. Anaclet Pons y Justo Serna). Valencia: Universitat de València.

(1991): “Las formas de la historia social.” Historia social Vol. 10 (primavera-verano), pp. 177-182.

(1976) “Women's History in transition. The European case.” Feminist Studies Vol. 3 (primavera-verano, 1976), pp. 83-103.

—Pallares-Burke, María Lúcia G. (2005): La nueva historia. Nueve entrevistas. Valencia: Universitat de València.

—Serna, Justo y Pons, Anaclet (2005): La historia cultural. Autores, obras, lugares. Madrid: Akal.


ENLACES WEB

· Freijomil, Andrés G.: «Natalie Zemon Davis [1928].» En Teoría de la Historia (blog). Publicación: 15/08/2012. Consulta: 05/02/2017. 

· Morales Estévez, Roberto: «El regreso de Martín Guerre, de Natalie Zemon Davis: en torno a la investigación histórica y sus límites.» En Licencia Histórica (blog). Publicación: 20/02/2014. Consulta: 06/02/2017. 

· Pons, Anaclet: «El magisterio de Natalie Zemon Davis: entrevista.» En Clionauta (blog). Publicación: 07/06/2010. Consulta: 06/02/2017.

SOBRE LA AUTORA DEL ARTÍCULO

Madrileña de nacimiento, Iris Rodríguez Alcaide (1989) es Licenciada en Historia y Máster en Estudios Avanzados de Historia Moderna por la Universidad Autónoma de Madrid. Como investigadora predoctoral ha participado en varios proyectos ligados a la Historia Intelectual y Cultural de los Animales, desde una perspectiva de género y postcolonial. Desde hace ya casi dos años forma parte como redactora del blog Licencia Histórica donde escribe, entre otros muchos temas que le interesan, sobre la relación entre cultura popular, videojuegos e historia. Recientemente ha abierto otro blog de carácter profesional, El coloquio de los perros, dedicado en exclusiva a los Animal Studies.

jueves, 23 de marzo de 2017

De nuevo en las ondas desde "El Cronovisor"



El pasado jueves 16 de marzo, Óscar Blázquez nos brindaba una cálida acogida desde su programa de radio El Cronovisor, realizado desde la emisora Plus Radio El Casar.

Esta entrevista nos brindó la oportunidad de hacer un pequeño alto para reflexionar sobre cómo está funcionando este proyecto, tras un mes de marzo lleno de eventos donde las arqueólogas feministas hemos estado muy presentes, con presentaciones y actividades encaminadas a visibilizar nuestra profesión y nuestro trabajo.

Una vez más queremos agradeceros la acogida que estamos teniendo, y que continuéis enviando contribuciones a este espacio de todas. Por aquí os dejamos el podcast del programa, para que podáis escucharlo tranquilamente.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Artículo: "Mujeres que cambiaron la Historia: Las luchadoras del día a día"

"Mujeres que cambiaron la Historia: 
Las luchadoras del día a día"
por 
Celtia Rodríguez González

Si seleccionamos un personaje histórico, famoso y femenino, ya sea una reina, una pintora, una escritora o incluso una sufragista, no representamos a la mayoría de las heroínas de nuestro género: La mujer como colectivo. Porque en gran medida, fueron ellas las que dieron lugar a grandes cambios, es decir, a cambios sociales que la Historia tradicional ha subestimado. Si no, pensemos en las mujeres que dieron pie a la Revolución Rusa o preguntémonos sobre la Toma de la Bastilla y quién desencadenó semejantes hechos. Pensemos en las guerras, concretamente en el papel que jugaron las mujeres durante la Segunda Guerra Mundial: las mujeres desarrollaron importantes labores para el desarrollo de la economía y de la sociedad, es decir, ocuparon los puestos que les habían dejado los hombres al marcharse a la guerra. De esta forma, se produjo un cambio de mentalidad dentro de la población femenina de países como EEUU, ya que se dieron cuentas de que podían realizar las mismas actividades que sus compañeros habían estado realizando, durante su ausencia. 

Por todo esto, para poder hacer un análisis justo y escribir la Historia de manera equitativa, es decir, para llegar a una Historia Universal, es necesaria la inclusión de la mujer como conjunto o colectivo, y no como ente aislado en un capítulo de libro, o (ya que es así como empezó a desarrollarse el género en los estudios de Historia) un personaje histórico que se caracterizó por desarrollar papeles públicos. 

La mujer, como objeto de estudio en Historia y Arqueología, ha estado invisibilizada. Esta frase no es nada nueva. De hecho, es lo primero que se enseña en los estudios de género: hay que buscar a las mujeres porque no están. La historiografía ha realizado una Historia androcentrista, es decir, todos los cambios producidos para llegar al “progreso” han sido derivados de la interacción del hombre. Por tanto, ¿Dónde han dejado a la mujer? 

La dicotomía, es decir, la división en dos partes, del espacio, ha generado un encasillamiento de los dos sexos mayoritarios: el masculino y el femenino. A cada uno le correspondía un lugar, en los cuales se hacían actividades distintas. Por un lado, nos encontramos con el ámbito público, lugar dónde el hombre ha llevado a cabo actividades como la caza, la pesca, la agricultura, la metalurgia, la creación de nuevas tecnologías, incluso la participación en política. Por otro lado, a las mujeres se les había asignado el otro espacio, el privado, donde realizaban todo tipo de acciones diarias como el cuidado de los individuos, tanto infantiles como ancianos, o la producción culinaria. El problema de esta dicotomía deriva en que, el primero (ámbito público) está por encima del segundo (el ámbito privado), y por lo tanto, se entiende como que lo este espacio privado es algo inferior y de menor importancia. Esto se debe, en parte, al desconocimiento de las actividades realizadas en este ámbito y su importancia para la sociedad. 

El concepto con el que designan las Arqueólogas de Género, de distintas universidades del Estado (Margarita Sánchez Romero, Eva Alarcón, Laia Colomer, Paloma González Marcén, Sandra Montón Subias, Antonia García Luque, Almudena Hernando, Cristina Masvidal, Marina Picazo, Begoña Soler, entre otras muchas), a este tipo de acciones es el de “Actividades de Mantenimiento”, que se conciben como algo fuera de tiempo, es decir, no aportan nada a la dinámica de la Historia, no cambian o dan lugar al progreso. Se realizan en lugares que conocemos, lugares que no cambian y son estáticos: el hogar. Son aquellas actividades que han estado asociadas a lo doméstico, a la supervivencia de la sociedad y están compuestas por el cuidado, la alimentación, la transmisión de los valores y la socialización, la organización de los espacios del hogar, así como la higiene del mismo. 

Son, en definitiva, aquellas actividades que han llegado hasta hoy día, y que nuestras antepasadas, abuelas y madres han llevado haciendo toda su vida y no se les ha valorado por ello. 

Pero, cabe decir que no siempre han sido realizadas por mujeres, antes de su encasillamiento pudo haber sociedades más igualitarias que pudieron distribuirse estas tareas, como por ejemplo comunidades neolíticas o paleolíticas. Todo ello antes de la creación del Estado. ¿Cuándo pudo darse esto? Lo más probable es que, estas tareas, asociadas siempre al ámbito de lo domestico, fueran actividades llevadas a cabo por hombres y mujeres dentro de contextos sociales arcaicos y prehistóricos, y sería con la llegada del patriarcado, la jerarquización social y la aparición de estos dos ámbitos (el privado y el público), cuando la mujer acogería en su seno estas tareas. Este proceso se llevaría a cabo en tiempo muy amplio, concretamente entre la Edad del Cobre y el Bronce, y desarrollaría su máxima expresión durante el Imperio Romano, cuando la política aparece de la manera más patriarcal que se pudo conocer hasta entonces. 

Si son tan importantes, ¿Por qué no las estudiamos? ¿Por qué nos dedicamos a analizar las composiciones de la cerámica o su tipología, si no le damos una interpretación en clave de género que exponga, con argumentos, que el individuo que realizó dicha cerámica la utilizó para cocinar y para alimentar a los individuos infantiles de la comunidad? ¿Por qué no analizamos las formas de maternidad en la Edad Media? ¿Y la mujer en el ámbito rural, su papel, su día a día, sus quehaceres, y su lucha social? ¿Y de las obreras del siglo XIX? ¿Cómo pudo una mujer en ese siglo compatibilizar lo privado con lo público? ¿Qué les llevó a dar ese gran paso? Lo que nos lleva a preguntarnos: ¿por qué, en la actualidad, son actividades que no se reconocen como un trabajo más? 

Lo que tenemos que ver es lo importante que es para el grupo o la sociedad, darle el valor que se merecen y atribuirlas al cambio social. Debemos estudiarlas, estudiar a las mujeres y con ellas, como diría Joan Scott, reescribir la Historia. 

Como vemos, todavía queda mucho que hacer, que descubrir y que interpretar en clave de género. 

Para acabar, me gustaría concluir con una frase que Simone de Beauvoir utilizó para su libro El Segundo Sexo del año 1949 donde afirma que “A través de ellas [Las mujeres] la vida del clan se conserva y propaga; de su trabajo y de sus mágicas virtudes dependen los niños [las niñas], rebaños, cosechas, utensilios y toda la propiedad del grupo del cual son el alma. Tanto poder inspira a los hombres un respeto mezclado de terror, que se refleja en su culto. En ellas se resumirá toda la Naturaleza extraña y misteriosa”.


Bibliografía. 

- Alarcón García, E. (2010). Arqueología de las actividades de mantenimiento: Un nuevo concepto en los estudios de las mujeres en el pasado. Arqueología y Territorio, (7), 195–210. 

- Beauvoir, S. (2005). El Segundo Sexo, Crítica 

- Cid López, R. M. (2002). La historia de las mujeres y la historia social: reflexiones desde la historia antigua. In Oficios y saberes de mujeres (pp. 11–38). 

- Colomer, L., González Marcén, P., & Montón Subias, S. (1998). Maintenance Activities, Techonological Knowledge and Consumption Pattners: A view of Northeast Iberia (2000-500 Cal. BC). Journal of Mediterranean Archaeology, 11.1, 53–80. 

- González Marcén, P., Montón Subias, S., & Picazo Gurina, M. (2005). Movilidad y vida cotidiana: la construcción del espacio doméstico en las comunidades de la prehistoria reciente del nordeste de Iberia. Treballs d’Arqueologia, 11, 135–161. 

- Hernando Gonzalo, A. (2005). ¿Por qué la Historia no ha valorado las actividades de mantenimiento? Treballs d’Arqueologia, (11), 115–133. 

- Hernando Gonzalo, A. (2007). Sexo, Género y Poder: breve reflexión sobre algunos conceptos manejados en la Arqueología del Género. Complutum, (18), 167–173. 

- Lerner, G. (1990). La creación del Patriarcado. Crítica. 

- Montón Subias, S. (2005). Las prácticas de alimentación: cocina y arqueología. Arqueología y Género, 159–175. 

- Picazo Gurina, M., & González Marcén, P. (2005). Arqueología de la vida cotidiana. In Arqueología y género, pp. 141–158 

- Sánchez Romero, M. (2007). Actividades de mantenimiento en la Edad del Bronce del sur peninsular: el cuidado y la socialización de individuos infantiles. Complutum, (18), 185–194. 

- Sánchez Romero, M. (2008). Actividades de mantenimiento, especios domésticos y relaciones de género en las sociedades de la prehistoria reciente. In Arqueología del género: 1er encuentro internacional en la UAM,pp. 93–105. 

- Scott, J. W. (2008). Genero e Historia. Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

Sobre la autora de este artículo:

Me llamo Celtia Rodríguez González, soy historiadora por la Universidad de Murcia, y arqueóloga por la Universidad de Granada. Actualmente soy miembro del grupo de investigación Síncrisis de la facultade de Historia de la Universidade de Santiago de Compostela. En este momento trabajo en mi tesis doctoral sobre Arqueología de Género en Galicia en esta misma Universidad. Mis líneas de investigación son tanto la Arqueología de Género como de la Infancia. Tengo algunos artículos publicados en relación a estos temas que se pueden ver en mi página de academia.edu. Los periodos que abarco son tanto la Prehistoria reciente como épocas galaicorromanas y tardoantiguas, llegando incluso hasta época Altomedieval.

lunes, 6 de marzo de 2017

On Air: "El Café de la Lluvia"





El pasado viernes 3 de marzo nuestras compañeras Aitziber y Lourdes, en representación del equipo de Arqueólogas e Historiadoras, estuvieron en El Café de la lluvia donde fueron entrevistadas por Javi.  

Hablaron del blog, del evento en el Museo Arqueológico Nacional del próximo 8 de marzo, de la manifestación posterior y sobre todo de historia de mujeres hecha por mujeres.

¡¡No os lo perdáis!!

Pinchad AQUÍ para escuchar el programa completo.

Activismo: 8 de marzo. Paro internacional de mujeres. También las arqueólogas.


domingo, 5 de marzo de 2017

Artículo: "Tras los pasos de la mujer en la Historia"

Tras los pasos de la mujer en la Historia
por Diana Navarro

Durante mucho tiempo la Historia ha sido sinónimo de las hazañas y hechos protagonizados por grandes hombres (reyes, guerreros…). Pero, la Historia tiene más matices, es más compleja y existen muchas más capas sociales que quedan olvidadas y escondidas elaborando un discurso incompleto. Entre estas capas encontramos a las mujeres que, a pesar de corresponder con la mitad de la población, son minusvaloradas y frecuentemente dejan de ser nombradas y tratadas dentro de las explicaciones historiográficas. No obstante, existen algunas disciplinas que se centran especialmente en su estudio.

Onorio Marinari. Santa Catalina leyendo un libro
Sammlungen des Fursten von und zu Liechtenstein, Vaduz-Viena

Historia de las Mujeres

El estudio de género empezó a dar sus primeros pasos en los años 70 en EEUU, siendo, por lo tanto, un campo de investigación todavía reciente. La Historia, como el resto de Ciencias Sociales, no habían destacado la diferencia de los sexos como asunto de análisis de las sociedades, de modo que, aún en los casos en que presentaba a los hombres y mujeres del pasado ocupados en sus tareas respectivas, no se interrogaba por el significado de esa diferencia y por su importancia en la organización y las relaciones sociales cayendo en el determinismo biológico. 

Los objetivos esenciales de la Historia de las Mujeres era restituir una presencia rastreándola. Las mujeres han vivido en una sociedad mixta formada por hombres y mujeres que entablan relaciones. Se trata de estudiar las relaciones entre los sexos como relaciones sociales, que atraviesan todos los niveles de status, edad…, y no pueden resumirse exclusivamente en términos de subordinación, sino que comprenden formas de inclusión y exclusión, jerarquía y dependencia, parentela, complicidad y afecto, etc. 

Así, comenzaron a realizarse congresos, trabajos y materias sobre la Historia de las Mujeres y de Género. Aún con todo, existen algunas críticas y errores a evitar dentro de esta disciplina, pues podemos caer en un análisis demasiado simple y descriptivo de lo que sucede con las mujeres, no englobándolo dentro del resto del discurso histórico, pudiendo caer así en el mismo error olvidándonos de los hombres. Tampoco debemos caer en las acusaciones de victimismo y subordinación.

A su vez, esta disciplina distingue los conceptos de género (femenino, masculino y transexualidad) y sexo (mujer, hombre, hermafrodita, ferms, merms y neutro). Estudia la construcción cultural de la diferencia de sexos (feminidad y masculinidad) como productos históricos de transformación adheridos a cada cultura y a cada época. En lugar de tomar la diferencia de los sexos como una realidad histórica, hay que entender que los roles han cambiado permanentemente e incluso siguen cambiando. La cultura modela la educación y nuestros valores interiorizando la desigualdad.

Además, no solo se debe tener en cuenta la diferencia entre mujeres y hombres como grupos homogéneos pues eso sería caer en el normativismo, debemos tener claro que dentro de ambos sexos existen diferentes modelos de mujer y de hombre (laico, cristiano, musulmán, revolucionario, pacifista, etc.). El objetivo es estudiar a ambos sexos con todas sus características particulares.

Así pues, en la actualidad la corriente historiográfica que suele denominarse Historia de las Mujeres o, con matices, Historia de Género, constituye un modo particular de interrogar a la sociedad en cuestiones como las relaciones y conflictos familiares, el carácter sexuado de los símbolos y lenguajes religiosos y culturales... Pero ante todo, su aportación concierne a toda la disciplina, pues sitúa en la dimensión histórica categorías como las de masculino y femenino, privado y público, y por ello su enfoque es susceptible de aplicarse a los distintos campos de la Historia. 

Con ello, se trata de una disciplina necesaria de ser aplicada dentro de la Historia y de las aulas pues todavía se trata el estudio del género como algo marginal y secundario o como un mero anexo al análisis histórico de una fase, y eso debe cambiar para poder avanzar socialmente.

Arqueología del Género

Una vez iniciado el estudio de la Historia de las Mujeres este fue aplicado a otras disciplinas. El concepto de género se introdujo por primera vez en la Arqueología en un artículo de Margaret Conkey y Janet Spector en 1984. También fueron importantes trabajos posteriores de la propia Margaret Conkey, Joan Gero y Roberta Gilchrist. La Arqueología del Género tiene tres objetivos básicos: 

1) Exponer el prejuicio androcéntrico en todas las fases de la muestra arqueológica, conceptos, modelos, evidencias y conocimientos, erradicando el lenguaje androcéntrico (cazadores, artesanos, sacerdotes) pues podemos hablar de cazadoras, artesanas y sacerdotisas.

2) Identificar a mujeres en el contexto arqueológico, identificando relaciones y roles de género. La Arqueología del Género defiende que las relaciones sociales más básicas se basan en el género y la parentela (resultado de las relaciones entre géneros).

3) Cuestionarse las ideas sobre género y diferenciarlas en cada sociedad.

Arqueológicamente podemos estudiar el género atendiendo a la iconografía, el análisis óseo, el análisis mortuorio atendiendo a las diferencias de ajuar respecto a los géneros y analizando la cultura material sexuando los objetos para averiguar qué artefactos eran usados por quién. 

Esta disciplina se centra sobre todo en el estudio de la Prehistoria, una época a la que han apelado constantemente defensores del determinismo biológico y de la Historia de las Mujeres. Por ejemplo, en 1966 Richar Lee e Irven Devore establecieron los grupos prehistóricos de cazadores/recolectores, pero sin tener en cuenta a las mujeres. Como reacción en 1981 F. Dahlberg se contrapuso al mito del hombre cazador/recolector, proponiendo argumentos tanto para los hombres como para las mujeres igualando ambos sexos.

La Interseccionalidad

La siguiente disciplina nos aporta una visión más crítica del pasado ofreciendo unas interpretaciones más neutrales y objetivas del pasado. La transversalidad o Interseccionalidad es una metodología para la investigación que tiene como premisa la multiplicidad de identidades de cada persona, que deriva de las relaciones sociales, la historia y la operación de las estructuras del poder. Las personas pertenecen a más de una comunidad a la vez y pueden experimentar opresiones y privilegios de manera simultánea. A su vez, una misma persona puede pasar por diferentes ideologías y adaptaciones a lo largo de su vida.

El análisis interseccional tiene como objetivo exponer los diferentes tipos de discriminación y desventaja que se dan como consecuencia de la combinación de identidades como el origen étnico, la raza, la clase, la sexualidad, la edad o la generación, discapacidad, nacionalidad, lengua materna, etc., con el fin de producir diferentes tipos de desigualdad social. Busca abordar las formas en las que el racismo, el patriarcado, la opresión de clase y otros sistemas de discriminación crean desigualdades que estructuran las posiciones relativas de las mujeres. Toma en consideración los contextos históricos, sociales y políticos.

Este término fue creado por Kimberlé Crenshaw, interesada en estudiar a la mujer de raza negra y de origen humilde desde una perspectiva comparativa para luchar por la igualdad. Sin embargo, el feminismo negro comenzó antes, en los años 60/70, a partir de un discurso de Sojourner Truth en Ohio donde señalaba indignada las diferencias de las mujeres blancas y negras:


“(…) ¿de qué están hablando todos aquí? Ese hombre de allí dice que las mujeres necesitan ayuda al subirse a los carruajes, al cruzar las zanjas y que deben tener mejor sitio en todas partes, ¡pero a mí nadie me ayuda con los carruajes, ni a pasar sobre los charcos, ni me dejan un sitio mejor! ¿Y acaso no soy una mujer? (…)”.


Embodiment

La denominada “Antropología del Cuerpo” surge en la década de 1970 en el área de las Ciencias Sociales comenzando a definirse como un campo de estudio específico. Los primeros estudios antropológicos sobre el tema, permitieron demostrar que los distintos grupos culturales construyen sus propias prácticas, representaciones, significaciones y valoraciones culturales en torno a los cuerpos. El objetivo de la Escuela de Annales de aplicar las Ciencias Sociales en la Historia fue fundamental para establecer esa conexión.

El objeto de estudio es el cuerpo, que puede ser representado iconográficamente en pinturas, pero también tallado en pequeñas figuras o esculturas. Toda representación corporal nos habla del reflejo e identidad social de la propia cultura ayudándonos a acercarnos a la identidad de esas personas. Atendiendo a las formas del cabello, el hecho de agujerearse el cuerpo, las vestimentas, las joyas, el maquillaje, las armas… podemos detallar los rasgos de género, rango, edad, jerarquía, características rituales, etc.

El historiador debe observar los cambios que se realizan en el cuerpo a diferentes edades, si el cabello es tapado con un velo a cierta edad o al adquirir la condición de mujer casada, si a nivel funerario los cuerpos se disponen de diferente forma, como se diferencian los adornos de hombres y mujeres, si solo se maquillan las mujeres o los hombres también lo usan… Con ello, observaremos las relaciones entre ambos sexos y sus diferencias culturales asignadas viendo reflejada la mente de las sociedades en la apariencia de los cuerpos.

Household Archeology

El objeto de análisis de esta disciplina es la unidad doméstica y familiar. Su metodología estudia la distribución de los espacios, si existe jerarquía en su disposición, sus funcionalidades atendiendo a los materiales que se encuentran en el interior, y su ordenación respecto a los diferentes géneros. Los análisis químicos son fundamentales pues no se deben dejar pasar los restos de paleobotánica, carbones y restos óseos faunísticos, los cuales pueden aportar una valiosa información acerca de la dieta y funciones de los espacios. 

Por ejemplo, en los estudios de la civilización maya se ha determinado que existieron mujeres con un gran peso social pues existen edificios de la élite que se relacionan con el sexo femenino como el templo II de Tikal donde en el dintel se puede observar a una reina y en la Tumba de la Reina Roja. 

Otro ejemplo serían los espacios del andrón y el triclinium griego y romano respectivamente, que eran unos espacios destinados exclusivamente para los hombres. 

En definitiva, el estudio de la mujer aunque reciente, sigue creciendo encontrándose actualmente en auge. Todavía quedan muchos ámbitos que estudiar y muchos que revisar para poder obtener unos análisis mucho más completos e igualitarios que no obvien a una parte de la sociedad. Es compromiso de los historiadores e historiadoras introducir a la mujer en sus problemáticas como un factor fundamental en la investigación y no como un anexo secundario a los sucesos protagonizados por el hombre.

BIBLIOGRAFÍA:

-SANAHUJA, Mª E.: Cuerpos sexuados, objetos y Prehistoria. Cátedra, Barcelona, 2002. 

-SÁNCHEZ LIRANZO, O.: La Arqueología del Género en la Prehistoria. RAMPAS, nº 4, 2001.

-SÁNCHEZ ROMERO, M.: Arqueología y Género. Granada, 2005.

Sobre la autora de este artículo:

Diana Navarro López estudiante del Grado de Historia en la Universidad de Valencia (a pocos meses de graduarse). Creadora del blog de divulgación histórica Explorando Egipto y redactora en Antrophistoria. Además, es miembro del Instituto Valenciano de Egiptología. Sus intereses giran en torno a la Egiptología por lo que ha realizado numerosos cursos y seminarios, así como asistido a diversas conferencias de temática egiptológica. 

Blog y redes sociales: 

-Twitter: @ExploraEgipto
-Instagram: explorando_egipto 

viernes, 3 de marzo de 2017

Evento: Editatona de Wikipedia

¿Sabes lo que es una editatona de Wikipedia? 

¿Te interesa ser editora de la enciclopedia libre más grande de la red y no sabes lo que tienes que hacer? 

¿Te apetece contribuir a crear y actualizar entradas de Wikipedia sobre arqueólogas e historiadoras? 

La semana que viene es tu momento, únete a cualquiera de las sedes que participan en la editatona sobre mujeres y arqueología en:

Valencia: Universidad de Valencia y Museu de Prehistòria de València



o si lo prefieres, participa online. Inscríbete siguiendo el enlace, y si quieres proponer algún tema de edición, envíanos un menaje directo. 

¡Te esperamos!



INSCRIPCIÓN: AQUÍ

miércoles, 1 de marzo de 2017

Evento: Presentación del proyecto y mesa redonda


Museo Arqueológico Nacional (MAN) 
Arqueólogas e Historiadoras. 
Mujeres que también hacen ciencia e hicieron historia

os invitan a la

PRESENTACIÓN DEL PROYECTO 
y
MESA REDONDA

en 

MUSEO ARQUEOLÓGICO NACIONAL (MAN)
calle Serrano, 13
Madrid

el día

8 de marzo

a las 

18 horas

Con la participación de:

Lourdes López 
María Engracia Muñoz-Santos 
Aitziber González 
Laura Benito 
(blog Arqueólogas e Historiadoras)

Almudena Hernando 
(Universidad Complutense de Madrid)

Margarita Moreno Conde 
(Museo Arqueológico Nacional)

María Barahona 
Marta Burgos 

Cuerpo, arte y mujer: la baronesa Elsa von Freytag-Loringhoven como antecedente de la performance 1874-1927

CUERPO, ARTE Y MUJER: LA BARONESA ELSA VON FREYTAG-LORINGHOVEN COMO ANTECEDENTE DE LA PERFORMANCE 1874-1927
por Carolina Gavilán Martín.



Analizando el gran cambio que supuso el paso del siglo XIX al XX a nivel estético y artístico nos encontramos con personajes como la Baronesa Elsa Von Freytag-Loringhoven, pionera en la canalización y adecuación de las nuevas premisas artísticas a nivel personal. Las acciones que llevó a cabo esta mujer en la vanguardia europea y en especial, la por aquel entonces naciente vanguardia neoyorquina, fueron uno de los comienzos para el entendimiento de la performance, que a su vez se estaba desarrollando por parte de futuristas, dadaístas y diversos protoperformers. Utilizando su cuerpo como arma de batalla, Elsa se enfrentó a todo convencimiento moral decimonónico cambiando la forma de entender el arte a comienzos del siglo XX, algo que sin duda fue trascendente para el arte de mitad de siglo. Su planteamiento artístico enlazó a su vez con la acentuación de la emancipación de la figura de la mujer, que comenzaba a verse cada vez más libre. Por lo tanto tenemos una artista que unió las experiencias de su tiempo, su condición de mujer y su ansia de experimentación a través del arte como forma de vida y acción directa. Ideas que calaron en el arte de la performance a mediados del siglo XX e incluso siguen vigentes en el XXI. Este primer contacto nos sirve para encajar a la Baronesa Elsa Von Freytag-Loringhoven, objeto de nuestro artículo, en la realidad estética que acontece en su época valorando así el impacto que tuvieron las nuevas perspectivas sobre el cuerpo como arte expresadas en el tránsito del XIX al XX. 

El arte contemporáneo no surgió únicamente por evolución del arte del siglo XIX, a este progreso artístico evolutivo de estilo, forma y tema se le unió ruptura con todos los anteriores valores decimonónicos. Esto quiere decir que no fue únicamente un cambio de gusto lo que formuló estas variaciones, sino que hubo una serie de razones históricas e ideológicas que se sumaron al ámbito artístico creando un particular caldo de cultivo para la aparición de un nuevo arte. El siglo XX fue un siglo de cambios radicales donde occidente experimentó sobre sus bases culturales de una forma totalmente nueva. De este modo, se comenzaron a formular diferentes formas de pensamiento que se reflejan en su arte y que se enfrentaron a lo que se había visto hasta entonces, sobre todo en el ámbito de la estética. En el siglo XX desaparecieron las premisas tradicionales que había tenido el arte a lo largo de su historia, como la belleza tradicional, la idea de mímesis, la narración o la forma de conmocionar al público. Esto llevó a los artistas a obtener una visión de la obra de arte como meditación que va más allá del objeto en sí. 

La construcción de esta novedosa forma de entender el arte hay que ligarla a la presencia cada vez más evidente de la mujer en la sociedad. Tras siglos de desigualdad respecto al género masculino, era necesario, en vista de los acontecimientos, que para poder derribar las barreras sociales que rodeaban a la mujer, se acordase la unión de estas a través de su propia iniciativa, aprovechando la coyuntura que supuso el cambio de siglo y el proceso de modernización económica y social de ese tiempo. Mujeres nacidas entre las décadas de 1850 y 1900 habían encontrado ya a principios del XX lugar en las nuevas profesiones, atestiguando su derecho a ser visible y exigiendo los derechos que se habían reservado únicamente a los hombres. Esta nueva mujer, marcó la muerte alegórica del sujeto femenino anterior, refinado y de estrictos valores. Este es justamente el caso de nuestra protagonista. Nació así una mujer vanguardista, novedosa que fue capaz de enfrentarse a su realidad social e intentó reafirmarse no sólo como mujer, sino como artista. 

Llegamos por fin, al personaje en cuestión sobre el que vamos a aplicar las ideas de acción entendida como arte durante la primera mitad del siglo XX. La Baronesa Elsa Von Freytag-Loringhoven pasó por un largo proceso de auto-invención antes de que comenzase con sus experimentos vanguardistas basados en las actuaciones callejeras a los que ella misma llamó Street free performances. Elsa presentó una imagen novedosa, fuera de toda norma moral y rompedora de toda dicotomía de género. De este modo agrupó arte y vida de forma radical, una idea que llevará tan al límite que terminará autodestruyéndola. 

Su primer nombre fue Elsa Hildgard Plötz y nació en el año 1874 en la ciudad de Swinemünde, en la actual Polonia, pero por entonces Alemania. Se dice que en ese tiempo, su padre, Adolf Plötz, abusaba de ella física y verbalmente, cosa que sin duda trastornará la concepción de sí misma desde bien pequeña. Por contra, su madre, una mujer religiosa enseñó a rezar a sus hijas antes de ir a dormir, mientras que Adolf, antirreligioso y con gusto escatológico, lo comparaba con ir al baño antes de dormir. Esto podría ser una de las razones que llevaron a la joven Elsa a tomar la idea de Dios como objetivo de sus travesuras, explorando los límites impuestos por la sociedad en este aspecto. Ya en el año 1898 con 24 años de edad comenzó a reflexionar acerca de las construcciones corporales establecidas con un atuendo extravagante. Durante este tiempo, se formó como actriz y artista y viajó por gran parte de Europa frecuentando de forma especial Múnich y el círculo de Stephan George. 

Esta primera descripción le siguen otras, la baronesa se va radicalizó poco a poco en sus pequeñas acciones, su estética fue evolucionando y pasó de ser extravagante a imposible de entender por sus contemporáneos una vez establecida en Nueva York. Todo tipo de objetos encontrados o robados y ensamblajes de todo tipo decoraron pronto su cuerpo, transformándola en una obra de arte en sí. Un arte vivo y que se anticipa a la performance y la acción sobre el cuerpo de mujeres de mediados del XX. 

En el año 1900, ya con 26 años conoció en Múnich al grupo denominado Kosmiter Spectrum, con cuarenta artistas que experimentaban sobre los roles de género autoproclamándose Nietzscheanos Dionisíacos. Sus estudios eran protofeministas en cierta parte y apoyaban la idea de mujer libre y responsable de su sexualidad.. Para Elsa estas ideas fueron un llamamiento total a sus reflexiones y modo de vida, por lo que ingresó en el grupo sin pensarlo. Pero pasó a ver cómo convivir con una vanguardia formada sólo por hombres era muy complicado, ya que muchos la veían como una especie de concubina. Nos encontramos, por tanto, en aquel tiempo, con una Elsa que no cultivaba los valores decimonónicos que se esperaban de mujer. Además había aprendido de la experiencia de los dos anteriores grupos y como resultado había encontrado erotismo y androginia como respuesta a sus preguntas. Más tarde estas experiencias fueron encontrando relación con el arte y la performance. 

En 1910 Elsa llegó a América, algo que supuso un paso más allá a la hora de llevar a la acción todo lo aprendido en Europa. Nueva York fue su lugar de experimentación artística corporal. Allí llevó al límite su imagen ante la nueva ola artística, haciendo una reflexión sobre el cuerpo y la moral que tendrá trascendencia en la performance de mediados del XX. La artista buscaba legitimarse como tal, cosa que nunca consiguió, incluso llegó a pasar largas temporadas en cárceles americanas, al igual que los futuristas cuando interpretaban sus performances. Su trabajo artístico en américa se fundaba en su poesía, la cual nunca va a abandonar, pero sobre todo en la práctica performativa basada en la experimentación corporal y de género. Todas estas vertientes llevaron a Elsa a tener una visión muy personal del dadaísmo. Por otra parte, la biógrafa de la Baronesa, Irene Gammel interpreta las acciones de la artista como “actos de modernidad cotidiana”. Según ella, la Baronesa no solo rompe con el espacio de la galería de arte como lugar predilecto, sino que además sus actos rompen con la dicotomía de géneros y las concepciones tradicionales de hombre y mujer. 

La Baronesa transformó su cuerpo en objeto artístico en Nueva York. Apoyándose en todo tipo de objetos, cucharas, latas de tomate, bolas de navidad, tiras de embalaje… se adelantó a los surrealistas y dadaístas, tomando objetos de la vida cotidiana y descontextualizándolos. Creando de este modo una reflexión sobre el objeto y sobre sí misma que no era entendida por muchos de sus contemporáneos. Su personalidad ha sido olvidada, se ha tomado durante mucho tiempo como una radical de la vanguardia hasta que se ha redescubierto hace pocos años. 

Con su traslado a la capital neoyorquina pretendía ser reconocida artísticamente y conseguir un estatus para trabajar su propuesta dadaísta. Para alcanzar estas metas, contrajo matrimonio con el Barón Leopold Von Freytag-Loringhoven, un aristócrata del cual consiguió un apellido y una posición nobiliaria. Desde ese momento pasó a ser la Baronesa Elsa Von Freytag-Loringhoven, la Baronesa dadá. 

La Baronesa era un proyecto de arte en primera persona cambiante. Aparecía por las galerías neoyorquinas con estas extrañas vestimentas y objetos que robaba o recopilaba de la basura. Solía recorrer las salas parándose sin hacer ningún gesto en cada una de las obras. Además le acompañaban siempre sus perros. El uso de estos objetos propios de los desechos de la sociedad americana a su vez, adultera la idea de arte “superior” y arte “inferior” y qué se puede considerar arte o que no. Apreciaba lo que la sociedad no quería y lo elevaba a arte, es como ya hemos dicho una idea proto-pop que además aplicaba a su cuerpo, por lo que se volvía un arte vivo y cambiante. Cada día variaba en cuanto a identidad, era un juego constante. 

Por aquel entonces, la ciudad de Nueva York estaba cambiando, su arquitectura evolucionaba de forma vertiginosa, los rascacielos comenzaban a dibujar un nuevo perfil de ciudad, la Baronesa por su parte, saca el arte de las galerías y lo lanza contra esta nueva escenografía. Su accionismo era una combinación de influencias del norte de Europa, París e Italia con la superficialidad de la cultura americana consumista. 

La Baronesa abandona sin dudar la Europa rancia y atrasada que anticipaba la Primera Guerra Mundial y siendo una mujer sin recursos y sin ni siquiera saber el idioma, se aventura a buscarse la vida en un nuevo continente, lugar donde se intenta encontrar a sí misma como artista. Con su estérica dejará impresionados a los nuevos habitantes de Nueva York, muchos de ellos europeos que se habían instalado en la ciudad para trabajar en el nuevo mundo. 

Era frecuente ver a la baronesa con la cabeza rapada y pintada con colores estridentes, también usaba maquillaje negro o amarillo con sellos en las mejillas o purpurina verde o azul. Como joyas, los objetos cotidianos rechazados por los americanos, latas de tomate, cucharas como pendientes, anillos con botones, jaulas para pájaros, adornos de navidad… Esta imagen que creó de sí misma caló en la ciudad, los museos, las estaciones de metro, las exposiciones en grandes almacenes… todos ellos quedaron sobrecogidos por la vanguardista alemana. Además no hay que olvidar su doble apariencia sexual androgénica que producía un efecto chocante. Su cuerpo se tornaba en un museo vivo con estas transformaciones alegoría del consumo de masas estadounidense. La forma en la que conseguía estos objetos era o bien buscando en las basuras o a través del hurto, invirtiendo de nuevo el rol de mujer. La Baronesa valoró estéticamente objetos que no habían sido considerados como arte hasta entonces mucho antes de que se crease ninguna teoría al respecto. Anticipándose así a dadaístas, surrealistas o artistas pop. Tendrá de este modo su propia respuesta al mundo del consumo de comienzos del XX. Creó su propio dadá con performance en vivo, haciendo de su vida una parte artística pública. Su estética intenta cambiar los roles de belleza al extremo, causando en muchas ocasiones rechazo por sus coetáneos. 

De la figura de Elsa podemos sustraer un gran número de influencias que nacerán al calor de estas primeras ideas rupturistas de comienzos del XX. Las premisas que se intuyen de forma directa tras el análisis de sus acciones y vida son tres: 

En primer lugar la carga erótica. El erotismo de Elsa comienza a cultivarse desde su adolescencia, una vez que huye de casa de su padre tras conocer a los grupos de pensadores europeos y los cabarets del viejo continente. La Baronesa comenzó a mostrar una sexualidad abierta, no es fue erotismo platónico como se venía haciendo. En este caso fue ella misma, quien demandaba sexo y experimentaba con él de forma artística y corpórea. En este sentido, fue una guerrera sexual en un viaje salvaje del que logró un blindaje de su cuerpo convirtiéndose en una especie de amazona de la época. Su modo de acercarse al sexo era más agresivo que seductor y lo consiguió luchando por sí misma. Esta forma de entender el erotismo la trasladó a sus acciones y su forma de entender el arte, por lo que tenemos como resultado una mezcla de sexualidad, erotismo y arte como forma de vida.

Otra idea constante en su obra fue la deconstrucción del género, haciendo de su cuerpo un objeto sin género pero con sexo. La androginia marcó su vida en cuanto a estética y forma de ejecución artística. Toda esta producción poética junto con sus acciones corporales y modo de vida artístico fueron los experimentos en cuanto a arte se refiere que ocuparon los últimos años de vida de la Baronesa. Años, que coinciden con la producción artística de Duchamp y la vanguardia dadaísta en Nueva York. Resulta muy evidente que Elsa fue un referente artístico para la ciudad y que aportó una nueva visión artística que seguirá presente hasta nuestros días. A pesar de ello, el dadaísmo y la historiografía minusvaloraron a la mujer y su papel artístico, reduciendo sus trabajos a meros gestos de acompañamiento hacia los grandes artistas.

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Sobre la autora de este artículo:



Estudié hasta los 16 años en Toro, provincia de Zamora, hasta que decidí mudarme para cursar Bachillerato artístico en la Escuela de Arte de Zamora. Debido a mi interés temprano por el mundo del arte y la historia decidí matricularme en el año 2011 en el grado de Historia del arte por la Universidad de Valladolid. Allí mismo desarrollé mis prácticas en la Fundación Jiménez Arellano, propiedad de la Universidad de Valladolid especializándome en arte Africano en el año 2016. Como trabajo de fin de grado, ese mismo año, desarrollé el tema de la performance de comienzos del siglo XX vinculándola a la historia social de la mujer con un trabajo titulado: “Cuerpo, arte y mujer: La Baronesa Elsa Von Freytag-Loringhoven como antecedente de la performance 1874-1927”. 

A lo largo de mis años de carrera he realizado diversos cursos relacionados con el mundo del arte, la historia o la educación como “Educación y museos” de la Universidad Europea Miguel de Cervantes, “Comisariado de Exposiciones” de la Galería Espacio Plano B de Granada, “Catalogación de obras de arte” de la Asociación arte sostenible de Barcelona o “Arte, política y activismo” ofertado por el centro de estudios online NODE center de Berlín. 

Actualmente estoy cursando en la Universidad de Valladolid el máster que habilita la docencia en Institutos titulado: “Profesor de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanzas de Idiomas”, con prácticas en el instituto González Allende de Toro (Zamora) donde imparto docencia en segundo de bachillerato dentro de la asignatura Historia del arte a la vez que colaboro con las clases de Historia contemporánea de Primero de Bachillerato, Geografía e Historia de tercero de la ESO y Geografía de Segundo de Bachillerato.


domingo, 26 de febrero de 2017

El papel de la mujer en la tecnología y tradición cerámica. Pasado y presente



“EL PAPEL DE LA MUJER EN LA TECNOLOGÍA Y TRADICIÓN CERÁMICA. PASADO Y PRESENTE”.
por  Alicia Hernández Tórtoles. 

Hasta ahora se ha hablado del material cerámico como un elemento más en registro arqueológico, en la medida que nos aporta datos cuantitativos y cualitativos, sin prescindir de ninguna de sus variables y proyecciones, ya sean por sus características morfológicas, como elementos de datación, marcadores identitarios, económicos o sociales. Y es dentro de estos marcadores de identidad entra el tema que nos acontece, y es la actividad de la mujer en el papel representado por las sociedades pasadas y presentes en la elaboración de la cerámica. 

Dicho esto, no se pretende realizar una analogía directa entre sociedades, distanciadas crono-culturalmente en espacio y tiempo, pues ello supondría caer en un intento de legitimización de la ideología presente (basada en una sociedad occidentalizada), para intentar explicar el “qué ocurría” en el pasado (Hernando 2016). Por ello, introductoriamente, considero que este escrito no es sino un preludio al extenso mundo de la producción cerámica y sus relaciones de género. Entendiéndose una vez más estas relaciones como las diferencias en el grado de individualización entre mujeres y hombres.

Sin embargo, creo importante, antes de continuar, destinar un breve apartado a la reflexión sobre la importancia de la “materialidad” cerámica y del útil y su función o finalidad es sí, desde que se selecciona la pella de barro hasta que se transforma en una vasija y se utiliza para comer, almacenar, o simplemente se abandona y se destruye. Bajo esta perspectiva, el planteamiento que se pretende dar a la cerámica no es el de un objeto únicamente musealizable, ni tampoco el tratamiento de la cerámica “como persona” (Cobas y Prieto 2001). Este apartado pretende reflejar la trascendencia de la cerámica como un código producido por una cultura, y de cómo se perciben las marcas de uso dejas en el registro arqueológico, junto a las pautas sociales llegaron a implicar.

No hace falta insistir demasiado en que la cerámica constituye uno de los materiales artificiales de mayor pervivencia en el tiempo y espacio. La forma de producción, es decir, la elección de la técnica de elaboración, son decisiones que reflejan una manera determinada de hacer las cosas, que debe ser premeditada y energéticamente viable (Makowski y Oré 2013). Este gasto requiere de una organización logística como el abastecimiento de materia prima, la decantación y preparación de los barros, el modelado, la decoración… y de unos espacios donde realizar el proceso de secado, cocción y almacenaje de las piezas (Fig. 1).

Fig. 1. (Izq.) Mujer del pueblo de Kalabougou (Río Niger) cociendo sus propias ollas de cerámica a mano. Fuente: http://www.veniceclayartists.com/women-using-traditional-pottery/ (Der.) Cocción a fuego abierto en Zlakusa, Serbia (1993¡6). Fotografía (fuente) de B. Djordjevic.

El proceso de elaboración cerámica es por tanto la respuesta a una sucesión de necesidades, tiempos y espacios (López de Heredia 2014: 48). Obliga a la comunidad a tener una cierta estabilidad, al menos en poblamiento y disposición temporal para el abastecimiento de las materias primas. Observado el proceso desde esta perspectiva se abren numerosos interrogantes sobre la producción: si existe una especialización, la existencia de redes comerciales, la distribución de los puntos de producción, etc., y con ello quién elabora la cerámica; si es hombre, mujer o ambos. Dentro de esto, atendemos a variables de género tales como su papel social, la transmisión del conocimiento que ello implica. 

Si era hombre o mujer, son numerosas informaciones etnoarqueológicas las que afirman que la cerámica realizada a mano es un elemento eminentemente femenino (López de Heredia 2014: 48). La autora Rice (1999), ampliamente conocida en este campo, indica que la mujer, en su amplia extensión del grupo, se dedica más a la cerámica en zonas donde la agricultura es simple o extensiva, mientras que se suele tratarse de una alfarería masculina cuando es una actividad especializada y asociada a sociedades más complejas y la agricultura intensiva. En este ámbito, destaca la actividad de la ya puesta en valor etnoarqueología, y más recientemente los trabajos de González Ruibal (2005) en diversas zonas de África, especialmente en Etiopía. 

En varias zonas de este país se ha cuestionado la producción alfarera como una actividad realizada por los “marginados” por ser una actividad que ensucia las manos… y lo que simbólica e ideológicamente ello supone. También, en ciertas regiones, son las mujeres más pobres y sin recursos (como aquellas cuyas familias carecen de tierras cultivables), las que realizan esta actividad (Fig. 2). Por el contrario, otras áreas también etíopes se contraponen a estos principios, pues las alfareras no están marginadas (González Ruibal, 2005: 50), y además, en algunas comunidades, la reserva de arcilla se considera un bien de prestigio y un rico patrimonio (López de Heredia 2014: 48). Esta contraposición aparentemente entre estatus social parece guardar relación con las costumbres de cada pueblo para el caso de estudio, y el valor que se le da la cerámica como forma de transmitir una identidad social, que dependerá de la ideología de cada comunidad.


Fig. 2. Seban Fané, mujer alfarera, de la localidad de Bamana (Kunògò, Mali, 1991), en el África Occidental. La alfarería en esta región forma parte de una compleja red social y artística. Los “alfareros” se identifican colectivamente como nyamakalaw, y junto con los trabajos de herrería y del cuero forman una clase social separada. El término de “alfarero”; numumuso, se traduce como “mujer del herrero”, si bien esta denominación abarca mucho más que simplemente ser madre, esposa o hija de un herrero. Estas familias de hombres herreros y alfareros, protegen los secretos de sus oficios por las prácticas endogámicas del matrimonio. Fuente: Imagen de Barbara E. Frank (1991) https://africa.uima.uiowa.edu/topic-essays/show/5?start=0.



La mujer, en sociedades mencionadas como la africana, transmiten la identidad social no por pertenecer a una etnia concreta, sino por estar adscritas a una facción política; cuando una mujer cambia de poblado mediante las relaciones matrimoniales (González-Ruibal 2003: 38-46) con ella se mueve no sólo la cerámica, sino los principios que estructuran la lengua, la cosmovisión, la demografía, etc. Son toda una serie de elementos extraños y aparentemente exógenos en una determinada tradición local, que se pueden ver reflejados en la cerámica, pues es el reflejo social de la mujer que deja detrás su lugar de nacimiento para irse a otro sitio. Este reflejo se puede observar en prácticamente todos los grupos humanos de tradición ceramista. Por ejemplo, durante la I Edad del Hierro, resulta evidente que el hombre tuvo un papel determinante en la formación de la desigualdad social y las élites. En el caso masculino va asociado a un estatus de poder, resultado de una identidad de género masculino en los sistemas patriarcales (Molas Font, en: González-Santana 2012). Así por ejemplo, según la etnoarqueología, cuando algunas mujeres cambian de poblado por matrimonio continúan realizando las mismas formas y decoraciones que aprendieron, y serán las que ellas trasmitan (y quienes las transmitan) (Calvo et al. 2004: 16). 

El estudio cerámico vinculado intrínsecamente a la mujer incorpora a la investigación una serie de temas relacionados con el desarrollo de la vida social, como son las “actividades de mantenimiento, su relación con el espacio y su asociación a las mujeres” (Idem; pág.9). Tal y como ocurre en Etiopía, la mujer tendría un protagonismo ontológico en la circulación de ideas, que inevitablemente podría influir en la variación de la tipología cerámica, así como su decoración. Es este vínculo el que une a la mujer con la cerámica directamente, si bien son teorías explicativas que se argumentan en el registro material (y otras fuentes, como la escrita o la tradición oral) y su interpretación. Son cada vez más frecuentes los estudios en este ámbito de la Prehistoria que intentan vislumbrar la autoría de las cerámicas, en base por ejemplo a las huellas e improntas digitales en la manufactura y decoración cerámica. Son los denominados dermatoglifos (Sacristán de Lama 1993, Coll 2000, Williams 2007: 403, Blanco 2012: 324, Mígueza et al. 2016), a través de los cuales se pueden sonsacar datos como si la marca pertenece a un hombre o una mujer, o a un adulto o infantil (Fig. 3).

Fig. 3. Borde con decoración de digitaciones; yacimiento de Monte Bernorio (Palencia). Se aprecian las huellas y marcas en donde los dedos se apoyarían para realizar la pieza. Fuente: la autora. Laboratorio de “Monte Bernorio y su Entorno”, Universidad Complutense de Madrid e IMBEAC.




En la actualidad (a día de hoy y en la mayor parte de regiones, independientemente del continente), la cerámica está elaborada indistintamente por un sexo u otro, aunque se tiende a asociar al sexo femenino en el ámbito de la Prehistoria y la Protohistoria, como se ha comentado para la Edad del Bronce o del Hierro, siendo esta división un tema de considerable interés, ya desde la Antropología (Murdock y Provost 1973, Brown 1970; en: Rice 1999: 217). El adscribir la producción cerámica de manufactura a mano a la mujer viene dado por una serie de factores, recogidos por Rice (1999: 215-232), y que guardan relación, primeramente, con la calidad de las materias primas. 

Sin embargo, debido a que es un tema de actual discusión, me limitaré a exponer lo recogido por esta autora, en base a sus investigaciones e interpretaciones. La mujer se asocia con el manejo de los materiales de las primeras etapas de la producción (la arcilla y su extracción, así como la decantación o levigado, si se tratase de cerámica a torno) ya que se considera que es un material blando y fácilmente manejable, en lo que a cerámica modelada a mano se refiere. Por otro lado, requiere de herramientas de “fácil” uso en comparación con los útiles empelados posteriormente para el torneado. Esto se aprecia por ejemplo en sociedades del actual Egipto, en donde la mujer se encarga de las tareas de la producción alfarera relacionadas con las primeras fases de recogida de la arcilla, decantación y amasado, y posteriormente es el hombre el que decora de las piezas da el acabado final (Padilla 2016). Esto genera cierta controversia, pues esta variable puede depender no tanto del sexo, sino que es cuestión de edad, y por lo tanto de experiencia o sabiduría. Hay representaciones greco-corintias (ss.VI y V a.n.e) de la actividad alfarera en la Antigua Grecia (fuentes iconográficas como las tabletas corintias de Penteskoupia) (Coll 2000) que reflejan un aprovisionamiento de materias primas y la extracción del barro como tareas realizadas por individuos fuertes y jóvenes; los aprendices, simulando los “kuroi” (Fig. 4).

Fig. 4. (Izq.) Representación del trabajo del barro, en este caso extracción de la arcilla de la cantera, en pinax votivos greco-corintios. Fuente: Coll 2000 (p. 195). (Der.) Detalle de la hydria ática de Caputi (imagen: imagen: http://cda.morris.umn.edu/~dabbsj/womartslsex1.htm), en donde se representa a una mujer decorando una vasija cerámica en un taller alfarero en Grecia. Fuente: Vizcaíno 2011 (p. 130).



Otro factor que enfatizaría la presencia femenina en la cerámica es que esta actividad permite ser compaginada con otras dentro del hogar, como el cuidado de los infantiles, los tejidos, etc., asociadas también a la mujer. Coincidiría en este caso, pues según esta autora, la cerámica a mano no requiere de mayor esfuerzo aparentemente. El ejercicio es más bien repetitivo, sin peligro, con unas tareas que pueden ser interrumpidas y retomadas, que no necesiten una concentración intensa, y que puedan realizarse en las cercanías del hogar. De un modo u otro, la importancia del recipiente cerámico gira en torno a la materialidad en sí misma; son una serie de conceptos, algunos más tangibles y abarcables quizás que otros, aunque todos ellos imprescindibles para el avance científico, como pueden ser las fases de producción, o la misma cuestión sobre si eran alfareras o alfareros, y en base a qué argumentos. 

Con estas premisas asentadas, y con unas manos, por así decirlo, especializadas (a tiempo parcial o completo), ya sean las de una mujer o un hombre, se puede hablar de industria cerámica. Los talleres pueden ser individuales o estar agrupados por necesidades de mercado, materias primas, etc., pues la producción está orientada básicamente a la obtención de un beneficio (García Heras 1999: 221-239). Y cerrando esta cuestión tratada ¿es la alfarería un útil colectivo o individual? La respuesta dependerá de la sociedad que se esté tratando, como resulta lógico, aunque siempre va a tener un punto de colectividad (Vidal 2008, 2014: 375-74) en cuanto que se va a transmitir de manera social, ya estemos hablando de los propios conocimientos o del objeto en sí. 

Y a modo de conclusión, decir, sin intención de equipar posiciones y/o roles sociales, la tradición cerámica nos habla de una participación femenina destacada, en la génesis del fenómeno alfarero (Vizcaíno 2011), independientemente del ámbito, período o región en que se dé. La mujer podríamos afirmar es un ítem en la estructura socio-cultural más que se desenvuelve de forma aparentemente autónoma en las esferas y actividades designadas socialmente, y que pueden o no confluir con las de hombre, tal y como recoge Vizcaíno (2011) en su interpretación. Para su abordaje, una formación personal sobre los fundamentos de la Arqueología de Género creo que es imprescindible, pues permite abordar el estudio de la figura femenina desde su consideración como grupo independiente, pero dentro siempre de un contexto. Y no sólo en Arqueología, sino en otras disciplinas como la Historia, Sociología o Etnografía, pues aquí reside la alternancia entre pasado, presente y futuro que permite tener un conocimiento global de cómo se han abordado los estudios de las mujeres en diferentes campos. 

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Recomendación de lectura à B. Frank “Art and life in Africa”, University of Iowa. Museum of Art. Recurso online, disponible en: https://africa.uima.uiowa.edu/topic-essays/show/5?start=0

Recomendación de lectura à Jayne E. Shatz (2008): “Jayne Shatz Pottery. Women's contribution to the ceramic field”. Recurso online, disponible en: http://www.jayneshatzpottery.com/WOMEN.html

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Recomendación de lectura à Ceramics and Pottery Arts and Resources (2015): “Women using traditional pottery”. The University of Iowa. Museum of Art. Recurso online, disponible en: http://www.veniceclayartists.com/women-using-traditional-pottery/ (https://africa.uima.uiowa.edu/)

Sobre la autora de este artículo:

Graduada en Arqueología por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente, realizo investigaciones relacionadas con la cerámica prehistórica en el Norte Peninsular, entre otros temas relacionados. Mi trayectoria académica se basa en el estudio, interpretación y divulgación de las culturas y sociedades del pasado, de una forma profesional, científica, responsable y eficiente. Estoy especialmente interesada en el estudio del período extensible de la Prehistoria reciente a la Antigüedad tardía, tanto en la Península Ibérica como en otros contextos. Completando esta perspectiva, mi interés versa en ámbitos relacionados con el Patrimonio cultural, Etnoarqueología, Antropología física, Arqueología del paisaje, Arqueología de la identidad, Arqueología experimental, Museología, etc., expandible a sus diversos ámbitos y sociedades del pasado/presente.

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